


Diego Colón de Carvajal se incorporó a Astilleros de Mallorca en 1981 como director de producción. Más de cuarenta años después, reflexiona sobre la evolución de la empresa, la transformación del sector y los proyectos que han consolidado a Astilleros de Mallorca como referente internacional en la remodelación de superyates.
La trayectoria profesional de algunas personas acaba formando parte de la historia de una empresa. Este es el caso de Diego Colón de Carvajal, que se incorporó a Astilleros de Mallorca en abril de 1981 como jefe de producción, atraído por un modelo de astillero muy diferente a todo lo que había conocido hasta entonces.
Tras seis años trabajando en un gran astillero de Gijón, buscaba un entorno en el que pudiera participar en todas las fases de un proyecto y mantener un contacto directo con los clientes, los ingenieros y los equipos técnicos. «Me atraía mucho la idea de un astillero más pequeño, donde la relación no se limitara solo al trabajo en sí, sino que se extendiera también al cliente, a la oficina técnica y a la parte comercial del negocio; donde fuera mucho más integral».
La decisión también tenía una dimensión personal. Mallorca era un lugar que conocía desde su infancia y donde se imaginaba construyendo una vida con su familia.
Pero el verdadero reto llegaría unos años más tarde.
Tras su primera etapa en Astilleros de Mallorca, Diego Colón abandonó temporalmente la empresa para asumir el cargo de director técnico del primer equipo español que se presentó a la Copa América. Cuando regresó, al asumir el cargo de director del astillero, se encontró con una situación completamente diferente.
Había llegado el momento de reinventar el negocio.
Durante décadas, el astillero se había centrado en la construcción y reparación de buques comerciales. Ahora tenía que transformarse en una empresa especializada en el reacondicionamiento de grandes yates. Hoy en día, esa decisión puede parecer algo natural, pero en aquel momento supuso asumir riesgos importantes, redefinir procesos y llevar a cabo una reestructuración de gran envergadura.
«Tuve que supervisar la transformación desde cero. Fue un periodo extremadamente difícil y exigente, pero sentó las bases de la actividad que más tarde se desarrollaría gracias a mucho trabajo duro».
La transformación no fue solo industrial. También fue profundamente humana. «Implicó reducir la plantilla en más del 60 %. Fue una situación muy difícil porque detrás de cada empleado había una familia».
Con el tiempo, sin embargo, la decisión resultó ser la acertada. «En pocos años, el astillero volvió a crecer, la plantilla aumentó y alcanzamos un nivel de actividad que habría sido inimaginable diez años antes».
Para Diego Colón, el crecimiento de Astilleros de Mallorca no puede entenderse sin tener en cuenta el desarrollo paralelo de Palma como destino internacional de invierno para superyates.
A finales de la década de 1980, las primeras tripulaciones comenzaron a llegar y a establecer aquí su base durante varios meses al año. Poco a poco, la ciudad reunió todos los elementos necesarios para convertirse en un referente internacional: puertos deportivos, una industria náutica especializada, excelentes conexiones aéreas y un clima excepcional.
«Palma ofrecía la combinación perfecta de puertos deportivos, un astillero, conexiones de transporte y calidad de vida. Todo ello la convertía en un destino muy atractivo para este tipo de embarcaciones». Astilleros de Mallorca desempeñó un papel protagonista en este proceso.
«Fuimos el primer astillero especializado en el mercado de los yates en alcanzar una reputación internacional en el Mediterráneo español».
Tras una carrera de más de cuarenta años, resulta difícil elegir un único proyecto. No obstante, Diego Colón admite sentir un cariño especial por los grandes veleros clásicos.
Las restauraciones del Creole y del Hispania, así como la de una goleta de tres mástiles que encontró en el astillero cuando llegó por primera vez, se encuentran entre los recuerdos más preciados de su carrera.
«Siento una pasión especial por los yates de vela. Siempre que hay un proyecto de restauración de un yate de vela, me implico personalmente».
Entre los yates a motor, también destaca la restauración del Bluebird. El proyecto fue galardonado por «Boat International» como el mejor proyecto de restauración del año.
Tras haber sido testigo de la transformación de Astilleros de Mallorca durante más de cuatro décadas, Diego Colón mira ahora con entusiasmo hacia un nuevo capítulo marcado por el crecimiento y la expansión.
En los últimos años, la empresa ha comenzado a ampliar su presencia más allá de Palma, incorporando nuevas ubicaciones estratégicas como Málaga y Sagunto. El objetivo es ofrecer un servicio más accesible, adaptado a una flota en constante evolución que requiere capacidades cada vez mayores.
«Nuestra actividad no puede seguir concentrada únicamente en el puerto de Palma. Queremos estar donde estén nuestros clientes. Por eso, la expansión que hemos emprendido en los últimos años es un proyecto con visión de futuro que dará sus frutos durante la próxima década».
Para Diego, este crecimiento responde a una necesidad natural. Los superyates son cada vez más grandes, y las limitaciones físicas de las instalaciones actuales hacen imprescindible disponer de nuevos espacios donde se puedan llevar a cabo proyectos de gran envergadura sin comprometer los estándares de calidad que siempre han definido a Astilleros de Mallorca.
Con más de ochenta años de historia, Astilleros de Mallorca entra ahora en una nueva etapa marcada por la expansión.
Para Diego Colón, la ampliación prevista de las instalaciones y la posibilidad de trabajar en buques de hasta 5.000 toneladas representan uno de los proyectos más emocionantes de la historia reciente del astillero.
«Es un reto financiero, tecnológico, comercial y, sobre todo, humano. Pero será una etapa fundamental para el futuro de Astilleros de Mallorca».
Cuando se le pregunta cómo le gustaría que fuera Astilleros de Mallorca en los próximos años, su respuesta refleja la misma visión que tenía cuando llegó por primera vez en 1981: una empresa capaz de crecer sin perder su esencia.
«Me gustaría que el proyecto del nuevo astillero se hiciera realidad, poder trabajar en buques de hasta 5.000 toneladas y ver plenamente consolidada nuestra expansión en la península. Queremos seguir prestando servicios allá donde se encuentre nuestra flota, porque Palma ya no es el único destino importante y nuestros clientes también están evolucionando».
Más de cuarenta años después de cruzar por primera vez las puertas de Astilleros de Mallorca, Diego Colón sigue mirando hacia el futuro con el mismo entusiasmo que le llevó a aceptar el puesto de director de producción hace tantos años. Porque, si hay algo que ha aprendido a lo largo de todo este tiempo, es que la historia de un astillero nunca termina.